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Bosque Sagrado de Augusto y Centinela de Piedra. Soy el abrazo eterno de la Muralla de Lugo, el único recinto romano del mundo que conserva íntegro su perímetro para proteger el corazón de la ciudad más antigua de Galicia. Soy el asombro de la Playa de las Catedrales, donde el mar y el viento han tallado arcos de roca que parecen templos alzados sobre la arena blanca de la Mariña. Soy el murmullo del río Miño y el silencio místico de la Ribeira Sacra, donde mis laderas imposibles guardan el secreto de los monasterios y el alma del vino.
 
Hoy te hablo desde la altura de O Cebreiro, la puerta de paja y piedra del Camino de Santiago, y desde la paz de mis Fragas de A Mariña, porque bajo mi manto de niebla y pizarra late un corazón indomable que ha sabido ser Lucus Augusti y refugio de caminantes. No me mires solo como una tierra de paso o un mapa de aldeas; mírame como la raíz de un pueblo que nunca se rindió al tiempo, el hogar que hoy reclama que tú también te conviertas en el guardián de su equilibrio y su futuro.
 
Desde la nobleza de Monforte de Lemos y su palacio de los condes hasta el rincón más bravo de Fuciño do Porco, desde el Castillo de Pambre hasta la mística de Santa Eulalia de Bóveda, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos solos; llevamos con nosotros la memoria de legionarios y campesinos, de aquellos que con manos curtidas por la helada de la montaña y el salitre del norte levantaron torres y cuidaron cada surco cuando la vida era un desafío constante. Ellos son ahora el aliento que agita mis castaños y el susurro que recorre el río Sil.
 
Fui capital de la Gallaecia y llave del Reino, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de piedra y luz. ¿Estás listo para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que Lugo necesita?